
Cosa que no vió ni razonó nuestro administrador, que ya se encuentra pensando que hacer, si dormir por un par de meses mientras dure su viaje al mundo rojo, o quedarse despierto un tiempo más, para nada, meditar quizás, o tratar de conciliar un sueño natural, que para entonces ya había caído en cuenta su imposibilidad de caer en brazos de morfeo, eran varios días de insomnio que iban a ser truncados en este momento por un sueño inducido por un computador a su cerebro cuando se introdujera en la cápsula criogénica. Ahi adentro, ya conectado a la computadora, esta le crearía en su cabeza los más vistosos y elaborados sueños de aventuras fantásticas. Fantasías donde tan solo él sería el heroe que rescata a la princesa del acoso de ogros y dragones, o quizas de vivir las más románticas fantasías junto a una preciosa chica de pantalones cortos, que montaba una bicicleta y que se llamaba Lucía, todo de mentira, de farza, inventado por un antisocial programador barrigón que se desdeñaba ante un tablero gelatinoso, sueños que reemplazaron las diversiones abordo, cuando los viajes apenas duraban un par de horas, y no varios meses.
Y ahí afuera brillaron las estrellas, el horizonte ya había desparecido, se escucharon unos sonidos y chirridos de las computadoras dentro de la cápsula, indicaba que ya se había alcanzado la velocidad crucero, el cielo para entonces, era negro, y el sol relucía con su luz amarilla, clara señal que su clasificación espectral lo colocaban como una estrella G2, de las más ordinarias del universo.
Y ahí afuera brillaron las estrellas, el horizonte ya había desparecido, se escucharon unos sonidos y chirridos de las computadoras dentro de la cápsula, indicaba que ya se había alcanzado la velocidad crucero, el cielo para entonces, era negro, y el sol relucía con su luz amarilla, clara señal que su clasificación espectral lo colocaban como una estrella G2, de las más ordinarias del universo.